Así era el Río Tijuana en tiempos del Viejo Oeste

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El cauce bordaba la ciudad y cubría lo que hoy es la Zona Norte

En un tiempo y una tierra sin restricción de fronteras, donde el cruce hacia Estados Unidos y viceversa era de lo más habitual y donde apenas se erigían los primeros asentamientos que marcaban la evolución de un pueblo a una urbe, nacía Tijuana. Una Tijuana diferente, muy al estilo Viejo Oeste, marcada por la clara influencia norteamericana y que ya llamaba la atención de los turistas del sur de California.

Sin embargo, llegar a este primer paraje mexicano no era asunto sencillo en sus inicios, pues los visitantes debían planear muy bien los viajes e ir en caravanas para ayudarse mutuamente en caso de un percance debido al accidentada orografía. Claro, al menos que se tratara de un aventurero temerario que monte solo a caballo.

Organizados con tiempo y suministros, los curiosos ansiaban ver Tijuana. La siguiente imagen retrata la idea del ‘frontiersman’ en su carrera por un pedazo de tierra en el oeste.

Al no existir puentes ni caminos, había que vadear el Río Tijuana que, dependiendo de la época del año, podía estar sumamente crecido. La situación era mucho más fácil en verano cuando apenas fluía un arroyo en las inmediaciones. La siguiente fotografía data de 1900.

Impulsadas por caballos, las carretas llegaban habitualmente a la incipiente ciudad durante los fines de semana. Como podemos observar, se trataba en su mayoría de gente acomodada que poseía los recursos para un largo viaje. Algunos eran acompañados por jinetes que fungían como guías y se encargaban de la seguridad en el camino. En la siguiente foto, cruzar el Río era asunto sencillo para los equinos.

Sortear los obstáculos de cerros y montes zigzagueantes podía ser todo un desafío para quienes no tenían un buen control de los caballos. A estas alturas ya urgía la construcción de un camino definido.

Para inicios del siglo XX las cosas comenzaron a cambiar y ya se avanzaba en los primeros tramos de las vías ferroviarias de Tijuana. La foto de abajo, tomada el 30 de enero de 1912, representa el un segundo cruce a la ciudad, mismo puente que pasa sobre el Río.

No obstante, las fuertes lluvias de la temporada hacían a veces crecer el cauce de forma desproporcionada. Cada cierto año ocurría una inundación y la alternativa para cruzar el Río era al mero estilo del ‘zipline’, es decir con tirolesa; y por supuesto, para algunos era una atracción de lo más entretenida, pero para otros era una molestia necesaria donde además debían hacer una larga fila.

La incomunicación entre los poblados de San Diego y Tijuana hizo que los ciudadanos de la frontera trabajaran juntos para recuperarse, pues sus relaciones dependían de la economía. Casas y negocios, como el primer hipódromo y otros, fueron arrastrados por la corriente.
Llegaba el año 1926 y con él más avances en la infraestructura urbana. Aquí ya podemos apreciar un notorio cambio pues hay un puente construido sobre el Río, mismo que es atravesado por coches y personas por igual.

En la imagen aérea se observa la estrechez del cuerpo de agua. El puente conectaba a la frontera norte con lo que hoy es la Avenida Revolución.

Un segundo puente de madera se erigió en 1930 y a este se le llamó La Marimba.

Con el paso de los años Tijuana fue creciendo cada vez más y el 18 de julio de 1972 se inicio oficialmente la obra de la canalización del Río, que consistió en la construcción de un canal de 70 metros de plantilla y 7 metros de altura, el cual servía para desfogar el máximo caudal de agua precipitada.

Esperamos que este artículo con motivo del 132 Aniversario de Tijuana haya sido de tu agrado.

Con información de San Diego Red

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Redacción Tijuanense

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