Carencias e incertibumbre esperan a los migrantes en EEUU

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Por AP

Elmer Maldonado pasó una semana bajo la custodia del servicio de inmigración junto con su hijo de un año tras cruzar el río Bravo para pedir asilo. Una noche, el hondureño y su hijo durmieron en un piso de tierra debajo de un puente, temblando de frío, en un centro de recepción de migrantes en el que grandes cantidades de personas se entregaban a la Patrulla Fronteriza.

Su experiencia ilustra un ciclo que se repite miles de veces por semana en medio del enorme aumento en la llegada de menores y de familias de migrantes a la frontera entre México y Estados Unidos: Llegan de noche, de a decenas, y permanecen en sitios de espera al aire libre. Luego son llevados a centros de detención desbordados, donde pasan más de las 72 horas permitidas por la ley. Acto seguido, las familias son liberadas o enviadas de regreso a México. Los más afortunados son liberados frente a sitios donde hacen pruebas de COVID-19, con sus documentos. Los menores que viajan sin sus padres van a albergues federales que también se están llenando rápidamente.

Todo esto ocurre mayormente fuera de la vista del público. La Associated Press no fue admitida en ninguna de las instalaciones de la Patrulla Fronteriza. Las autoridades a menudo imponen restricciones a los periodistas incluso cuando van a las riberas del río Bravo (Grande para Estados Unidos) para presenciar su llegada y hablar con los migrantes.

Los organismos de inmigración restringieron el acceso de periodistas de la AP a zonas de cruce muy usadas, a un centro de recepción al aire libre y a otras operaciones en los últimos días.

Una tarde reciente, Maldonado, de 40 años, de Olancho, Honduras, estaba recostado en una litera en un albergue de Harlingen, Texas, donde los migrantes son retenidos antes de ser trasladados en autobuses a otros destinos en Estados Unidos. Su hijo se despertó llorando y tosiendo, y él se lo acercó a su pecho y lo meció un poco para que se volviese a dormir.

“Se resfrió la noche que pasamos a la intemperie”, dijo el hondureño. “Estábamos muertos de frío. Por un momento pensé que mi cuerpo no se iba a calentar nunca”.

Después de ser liberados, padre e hijo pudieron ducharse y cambiarse de ropas. El albergue le dio pañales para el niño. Cuando se levantó, el pequeño tomó unas tiras de pollo, las probó y las hizo a un lado, prefiriendo beber un jugo que había allí.

El gobierno de Joe Biden dice que se esfuerza por resolver los problemas planteados por un fuerte aumento en la cantidad de migrantes que llegan a la frontera. El miércoles Biden encomendó a la vicepresidenta Kamala Harris que encabece las gestiones para hacer frente a la situación en la frontera sur y trabaje con los países centroamericanos para hacer frente a las causas de la migración. El gobierno también emitió un comunicado diciendo que ofrecerá a diario las cifras de los migrantes menores de edad que tiene bajo custodia.

Señaló que el martes había casi 5.000 menores bajo la custodia de la Patrulla Fronteriza y otros 11.551 en albergues manejados por el Departamento de Salud y Servicios Humanos.

Esta misma semana, tres grupos de migrantes con muchos menores fueron divisados caminando por senderos entre arbustos al norte del río durante un recorrido en helicóptero con soldados del estado de Texas por el Rio Grande Valley. Los niños saltaban y saludaban, aparentemente felices de ver helicópteros.

“Cuando vio el helicóptero, me dijo ’¡papá, papá, papá!”, relató Maldonado, aludiendo a su hijo. “Se alegra cuando ve cosas nuevas. A veces oye ruidos fuertes que lo asustan. Todavía es pequeño y no entiende muchas cosas”.

Víctor Escalón, director regional del Departamento de Seguridad Pública de Texas, dice que le preocupa el hecho de que, cuanta más gente entra ilegalmente por el río Bravo, más oportunidades tienen los traficantes de personas de hacer negocios.

“Como padre, como ser humano, quieres que (los menores migrantes) sean bien atendidos. Son niños”, manifestó. “Pero cuanta más gente cruce, los individuos que coordinan a los delincuentes, que entran drogas de contrabando, van a buscar oportunidades”.

Escalón dijo que el corredor de migrantes más transitado de Texas va hoy de La Joya, al este, hasta Roma, al oeste, donde periodistas de la AP observaron presuntos traficantes que hacían cruzar el río a la gente en botes inflables el miércoles por la mañana. La mayoría de los migrantes eran mujeres con niños y bebés que dormían en sus brazos o en sus espaldas. Las autoridades de otros sectores de la frontera notan también aumentos en el flujo de migrantes, que exigen al máximo sus instalaciones.

Una de las migrantes llegadas hace poco fue Magdalena Benegas, de Yoro, Honduras. Fue liberada tras un solo día bajo custodia y recibió un pequeño paquete de la Patrulla Fronteriza antes de ser soltada en un centro de pruebas del coronavirus en McAllen, Texas. Un papel con su nombre, su foto y sus huellas digitales indicaba que había sido detenida el domingo. Otro decía que había sido liberada con la orden de presentarse a una vista, pero no daba la fecha de la audiencia.

Banegas, de 23 años, se preocupó porque otras familias de migrantes tenían una fecha para sus audiencias. Ella voló con su hijo de McAllen a Houston y luego a Nueva York, donde tiene una tía.

No estaba segura de qué pasaría después.

“No sé qué adónde tengo que ir ni qué hacer ahora”, aseguró.

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Redacción Tijuanense

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