Directora mexicana lleva el thriller psicológico a Tijuana

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La película finalmente se exhibe en salas de cine mexicanas luego que los cierres más recientes debido a la pandemia aplazaron su estreno

La directora mexicana Astrid Rondero buscó capturar la esencia del thriller psicológico en la cinta “Los días más oscuros de nosotras” a través de recuerdos vagos, una sensación de asecho y el dolor de sus personajes.

La historia fronteriza sigue a una arquitecta atormentada por su pasado y a una stripper que lucha por la custodia de su hija.

“Queríamos un poco trabajar con la estructura de la memoria de cómo a veces un evento traumático puede bloquearse en las profundidades de la memoria de una persona”, dijo Rondero en una entrevista reciente por videollamada. “Justo queríamos hacer ese tipo de thriller, un thriller psicológico donde el personaje lo que tiene que hacer es ir en busca en los corredores de la memoria de esas piezas que faltan para entender su pasado”.

La película finalmente se exhibe en salas de cine mexicanas luego que los cierres más recientes debido a la pandemia aplazaron su estreno. Para Rondero, es un largo camino recorrido desde que comenzó a escribir su ópera prima en 2012 y filmarla en 2017.

La historia se desarrolla en Tijuana, la ciudad mexicana fronteriza con Estados Unidos conocida por su vida nocturna y delincuencia, que a la vez tiene un aire permanentemente misterioso con su bello paisaje desértico a la orilla del mar. A esta ciudad regresa la arquitecta Ana después de muchos años.

“Creo que la película no se puede explicar sin Tijuana”, dijo Rondero, quien conoció esta ciudad trabajando en otros rodajes. “Me hizo prometerme que mi ópera prima iba a suceder allá”.

La actriz mexicana Sophie Alexander-Katz (“Blanco de verano”, “Si yo fuera tú”) interpreta a Ana, quien proyecta una imagen de fortaleza al estar a cargo de la construcción de una torre en la playa, pero por dentro tiene grandes dudas sobre su pasado. Ana mantiene su coraza ante los trabajadores de la obra, hombres en su totalidad, pero muestra su lado sensible con Lluvia, una perrita callejera a la que deja estar en la construcción.

“Lo que es muy bonito de los personajes en general, de Astrid y en particular de mi adorada Ana, es que se permiten ver su vulnerabilidad y su falla de origen”, dijo Alexander-Katz. “Ana es un personaje que viene a confrontarse con su pasado, un pasado del cual huyó y que inevitablemente la alcanza”.

Ana renta su casa de la infancia a Silvia (Florencia Ríos), una joven madre de una niña que representa la compleja relación entre México y Estados Unidos que se sintetiza en Tijuana.

Silvia está atrapada entre los sistemas legales de ambos países, peleando por la custodia de su hija, sin recursos, con la barrera del idioma y un estigma por trabajar en un club de desnudistas, como los que existen en la ciudad desde hace décadas.

“Silvia representa esa impotencia de cuando haces todo por conseguir el bienestar de alguien más”, dijo Ríos. “No debería estar juzgado que una mujer esté así porque además es la vida de muchas personas… Se debe de proteger mucho los derechos de las mujeres que acaban decidiendo por este tipo de trabajos”.

Si bien las historias de “strippers” abundan en el cine, Rondero buscó presentar a través de una mirada femenina esta vida nocturna y, al hacerlo, “desmontar esas imágenes tan icónicas” sin tratar a las mujeres sólo como objeto de deseo masculino.

“Tratar de verla desde la perspectiva de una mujer, también desde la perspectiva de la que baila. Hay un momento que vemos los gestos que hacen los hombres”, dijo la directora de 36 años. “Creo que es padre (genial) tomar esos íconos y tratar de desmontarlos desde la perspectiva femenina o más que desmontarlos, experimentarlos desde la visión femenina”.

Cuando Ana descubre el trabajo de Silvia, empieza a gravitar hacia su vida y termina enamorándose de ella pese a haber tenido antes una relación con un hombre.

“Pienso que Ana no es algo que tenía planeado ni contemplado”, dijo Alexander-Katz. “Pero resulta que sí, que esta persona que se llama Silvia que es una mujer la complementa y creo que eso es una de las cosas más hermosas que suceden en la película”.

Para Rondero y la productora Fernanda Valadez, era importante dar una representación auténtica y natural de la comunidad LGBTQ a la que ellas también pertenecen.

“Estoy muy feliz como realizadora que cada vez más nuestro cine no nada más se tiene que centrar en salidas de clóset”, dijo Rondero. “Sino que ya tenemos discursos de todo tipo”.

Rondero produjo a su vez la película de Valadez “Sin señas particulares”, galardonada como mejor cinta internacional en los Premios Gotham. El siguiente proyecto de ambas, en el que ya trabajan, será sobre un huérfano de la guerra contra el narco.

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Redacción Tijuanense

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