El milagro del Steaua de Bucarest

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El equipo rumano se convirtió en el primer club de Europa del Este que logró levantar la Copa de Europa

 La temporada 1985/86 se presentaba en la Copa de Europa como una de las más importantes de la historia de la competición. Con la tragedia de Heysel aún en la memoria, la edición de 1985/86 fue la primera en la que se aplicó la sanción que prohibía participar en competición europea a los clubes ingleses por lo sucedido en Bruselas en la final entre Juventus y Liverpool.

Para evitar accidentes como el de 1985, se decidió que el estadio que albergaría la final fuera el Ramón Sánchez Pizjuán de España, que contaba con todas las medidas de seguridad necesarias para un evento de tal magnitud. Y el estadio del Sevilla fue testigo de uno de los acontecimientos más insólitos de la historia de la Copa de Europa.

La gran final por el entorchado europeo la disputaron, por un lado, el FC Barcelona, que sufrió desde el principio para poder llegar al partido decisivo. En dieciseisavos de final logró superar al Sparta de Praga por el valor doble de los goles fuera de casa, lo mismo con el Porto en octavos de final. En cuartos les esperaba la Juventus, que buscaba revalidar el título de campeón, pero fueron los culés quienes lograron avanzar de ronda venciendo en el global por 2-1.

Aún les quedaba un escalón para alcanzar la final, y tuvo que ser por la vía de la épica. En el juego de semifinales se enfrentaron al Göteborg sueco, que venció en la ida por 3-0. El Barça se vio obligado a remontar la eliminatoria y consiguió anotar un 3-0 en la vuelta y llevar el partido a los penaltis, imponiéndose por un 5-4.

Pero lo que realmente sorprendió de aquella edición fue que el Steaua de Bucarest logrará ser el segundo finalista. El conjunto rumano se había fortalecido gracias a la involucración de Valentín Ceaucescu, hijo del dictador del país y que consiguió atraer a muchos de los futbolistas que formaron la base de aquel equipo que llegó a la final. Pero no todo fue gracias a Ceaucescu, y es que Emerich Jenei, entrenador del Steaua, instauró un estilo de juego novedoso en el país y que sorprendió en Europa, obligando a sus jugadores en los entrenamientos a jugar al primer toque, acelerando el juego.

El camino del Steaua a la final fue más sencillo: eliminaron al Vejle danés en dieciseisavos de final, al Honved Budapest en octavos, se impusieron por la mínima (1-0) al Kuuysi de Finlandia y en semifinales lograron vencer al Anderlecht, que venía de derrotar al Bayern de Múnich en su partido de cuartos de final.

El 7 de mayo de 1986 se dieron cita el FC Barcelona y Steaua de Bucarest en Sevilla para disputar la final de la Copa de Europa. El conjunto blaugrana se veía como claro favorito, pues no conocía de nada a los rumanos (en aquella época era muy complicado estudiar a los rivales, y más si se trataba de equipos de Europa del Este) y se imaginaban un equipo débil que había tenido fortuna para llegar allí.

El Steaua, con un equipo repleto de jugadores rumanos, logró neutralizar al FC Barcelona, que tan solo contó con una ocasión de Schuster, durante todo el partido. El propio Schuster protagonizó una de las imágenes que quedó grabada por siempre en la historia del torneo. En el minuto 85, aún con el empate a cero en el marcador, el alemán fue sustituido para dar entrada a Josep Mortalla y al salir del terreno de juego, Schuster se fue directo al vestuario a cambiarse y abandonó el estadio en dirección al hotel mientras se jugaba aún la final.

El empate se mantuvo durante los 90 minutos reglamentarios y en la prórroga, por lo que el campeón se tenía que decidir, por primera vez, en una tanda de penaltis, y Duckadam pasó a la historia. El portero del Steaua paró todos los penales del Barcelona, mientras que Marius Lăcătuș y Gavril Balint lograron batir al arquero del Barça, que también había atajado dos penaltis. El Steaua había logrado lo imposible, proclamándose campeones de Europa.

Duckadam, Iovan, Belodedici, Bumbescu, Bărbulescu, Balint, Balan, Bölöni, Majaru, Lăcătuș y Pițurcă se convirtieron en héroes nacionales y en uno de los mejores equipos de Europa. Más allá de la Copa conquistada frente al Barcelona y la Supercopa de 1986 frente al Dynamo de Kiev, el Steaua logró establecer un récord de imbatibilidad en el fútbol mundial. No conocieron la derrota durante 106 encuentros, más que ningún otro equipo.

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Redacción Tijuanense

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