El Samurái que participó en la Revolución Mexicana

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Su historia se cruzó con la de Tijuana ¿cómo? Aquí te lo contamos

Tijuana.- Kingo Nonaka, fue un Samurái que participó en la Revolución Mexicana, pero su historia se involucró con la historia de Tijuana.

Pero comencemos por decirles ¿cómo llegó a México en primera? A partir del siglo XIX, una de las preocupaciones en México, fue la escasa población en algunas regiones del país, por lo que, a través de una petición a distintas naciones del mundo, México dio libre paso a la migración extranjera. Japón y China dieron respuestas positivas a esta invitación.

En 1888, México fue el primer país de occidente que firmó un tratado con Japón, permitiendo que miles de asiáticos, quienes se integraron a la vida laboral del país. Entre ellos arribó Kingo Nonaka, quien buscó un nuevo futuro en México y dejó su destino como campesino y buscador de perlas.

Llegó por mar a Salina Cruz, Oaxaca, el motivo de su viaje fue su necesidad económica, pues debido al desmedido crecimiento de la población en 1872, el país nipón tenía 30 millones de habitantes, en un país cuya extensión territorial es cinco veces menor a la de México.

Tenía 17 años cuando Nonaka llegó a tierras mexicanas, viviendo primeramente en una plantación de café en Chiapas. Intentando emigrar a Estados Unidos llegó a Ciudad Juárez, donde Viviana Cardón lo adoptó, manteniéndolo, le dio educación y lo bautizó con el nombre de José Genaro.

Gracias a la familia Cardón, Nonaka aprendió enfermería, adquiriendo una licencia para trabajar en el país, gracias a que se esmeró comenzó como barrendero y terminó siendo enfermero.

Para marzo de 1911 todo cambió en su vida, fue de vacaciones en Casas-Grandes, cerca donde Francisco I. Madero líder revolucionario, pensaba librar un ataque contra el coronel Agustín Valdés.

Durante dicho enfrentamiento, los revolucionarios se replegaron al oeste y al sur, durante la batalla Madero resultó herido de un brazo, debido a que Nonaka ya gozaba de una excelente fama como enfermero, fue llamado para curar la herida de Madero.

Nonaka y Madero hablaron sobre el motivo de la guerra. Madero le dijo que la lucha era para crear un mejor país y para que la justicia pudiera florecer, era necesario “podar” el árbol nacional a base de cualquier sacrificio.

Nonaka quedó impresionado con las palabras de este hombre, que se unió como enfermero en la sección de sanidad del grupo maderista.

Tiempo después Nonaka se enteró a quién curó. Cuando asesinaron a Madero, Nonaka sintió como si hubiese perdido a un familiar y buscando de alguna manera hacer justicia siguió su lucha revolucionaria.

Nonaka participó en el batallón de salud al lado del General Francisco Villa desde 1913 hasta 1916, época en la cual recorrió el país luchando al lado del Centauro del Norte.

Nonaka participó en 14 operaciones de combate durante la Revolución, dos con las fuerzas de Madero y doce con la División del Norte comandada por Pancho Villa.

Gracias a su labor, el rango de capitán en el Batallón de Sanidad de la División del Norte. Con Pancho Villa participó en las batallas de Chihuahua, Ojinaga, San Pedro de las Colonias, Paredón, Torreón y Zacatecas. Al mando del General Villa su última misión fue en marzo de 1916, cuando se quedó al cuidado de 64 heridos en la iglesia del poblado de San Buenaventura tras la incursión a Columbus Nuevo México.

El párroco local los traicionó, informando a las tropas del General John Joseph “Black Jack” Pershing. Nonaka al ser el único Villista que no se encontraba herido, logró alertar que habían sido traicionados y que pronto serían emboscados por una fuerza superior.

Evacuó al mayor número de heridos, quedándose en la retaguardia para cubrir a los que huían, logró huir con otros 31 villistas, los cuales describieron la escena “como si una ola negra cubriera la pequeña iglesia”.

“Black Jack” arrestó a 33 villistas a quienes internaron en la cárcel de Nuevo México, cuatro de ellos murieron pues no les dieron comida por más de tres semanas. Por su lado, el cura que los traicionó huyó a los Estados Unidos con 10 mil pesos en monedas de oro que recibió de Villa para el cuidado de los enfermos.

Nonaka a pesar de su heroísmo, sintió que falló al no proteger y salvar a todos los heridos, por lo cual regresó a Ciudad Juárez, donde comenzó a trabajar en un hospital de la localidad donde conoció a Petra García Ortega, con quien se casó y con quien tuvo cinco hijos: María, Uriel, Virginia, José y Genaro.

En 1921 junto con su familia se trasladaría a Baja California, más tarde a Mexicali y Ensenada, pero residiendo en Tijuana.

En Tijuana ingresó al cuerpo de policía de Tijuana donde se distinguió por su honradez, puntualidad y un celoso sentido de protección de la comunidad.

Fue reconocido como el prime fotógrafo tijuanense, por lo que las autoridades de la dirección del gobierno de Tijuana lo contrataron para que tomara fotografías a los reos y presos que se localizaban en la cárcel pública, siendo el fundador del departamento de identificación de la comandancia de policía de Tijuana.

Estudió por correspondencia un diplomado en fotografía dactiloscopia-criminología y grafología por el Instituto de Ciencia de Chicago-Illinois del que se graduó en 1933, con el fin de mejorar su condición como policía y fotógrafo, estudió por correspondencia.

Nonaka en sus tiempos libres retrató la Tijuana de los años 20 y principios de los años 40, dejando un legado histórico que revela las imágenes de una ciudad alejada del turismo y enfocada a la vida cotidiana de eventos culturales, cívicos y deportivos.

Por ello es que se le conoce como el Casasola de Tijuana, en referencia al fotógrafo y documentalista Víctor Casasola. Las fotografías de Nonaka son piezas fundamentales para entender la época de Tijuana, dejando una huella imborrable en la historia de la ciudad.

Nonaka tuvo un gran acervo fotográfico y donó más de 300 fotografías al archivo histórico y la sociedad histórica de Tijuana.

Debido a que México entró a la Segunda Guerra Mundial y gracias a sugerencia de Estados Unidos, Nonaka y otros mexicanos japoneses que residían en el noroeste de México fueron forzados a cambiarse a la Ciudad de México.

Ya en Ciudad de México, fundó el Instituto Nacional de Cardiología junto a Ignacio Chávez, aunque esto último pocos lo saben.

El reconocimiento público para este héroe revolucionario tardó en llegar, pero llegó. El 20 de agosto de 1963 el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz lo reconoció como veterano de la Revolución Mexicana y le otorgó la condecoración al mérito revolucionario, así como una-pensión vitalicia.

El 8 de octubre de 1937, el Samurái Mexicano enfundó su espada y cerró sus ojos físicos por última vez a los 88 años de edad.

Sus restos físicos están sepultados en el panteón jardín de la Ciudad de México. La vida de Nonaka ha sido comparada por algunos como la de Forrest-Gump, pues pasó de ser un simple campesino en el Japón, a barrendero, enfermero, doctor, policía y término como fotógrafo y uno de los fundadores del Instituto Nacional de Cardiología e incluso Capitán Primero de Caballería de la División del Norte luchando con valentía y honor al lado del mismo Pancho Villa.

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Redacción Tijuanense

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