Fútbol en tregua de Navidad en plena Guerra Mundial

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Por Nacho Hernáez Muriel

 En medio de un conflicto bélico de dimensiones mundiales, el balompié sirvió para dejar a un lado las diferencias patrióticas en los distintos bandos armados

Era diciembre de 1914. Europa llevaba casi 5 meses inmersa en una cruel (e injusta) guerra que había asolado pueblos y ciudades completas y había acabado con la vida de un gran número de civiles.

En la Nochebuena de aquel 1914, todo cambió por unas horas. El espíritu navideño apareció y los soldados se unieron en la celebración de este día tan señalado. Fue aquel día, cuando la Compañía A del Primero de Norfolfk (soldados británicos) se acercaron a la zona de trincheras, en Flandes y en ese ambiente se respiraba una tranquilidad que inquietaba.

Los soldados británicos, con las armas cargadas, se acercaban a territorio alemán preparados para comenzar una cruel batalla (otra más) que lo más seguro es que acabara con sus vidas, pero no fue así. Al aproximarse a las trincheras alemanas los británicos empezaron a escuchar cánticos de villancicos y, cuando la niebla que había en ese momento desapareció, pudieron ver a los soldados alemanes colocando velas y árboles de Navidad en la trinchera. No podían creer lo que estaban viendo.

Los alemanes, aquellos a quienes consideraban enemigos, hicieron llamamientos en inglés a los británicos animándolos a acercarse y cantar con ellos. Al principio se mostraron reticentes, pero al ver que la situación era pacífica, decidieron dejar sus armas y se acercaron entonando sus propios villancicos. Había comenzado la Tregua de Navidad.

Los dos bandos se trasladaron a “Tierra de Nadie” para continuar con aquella celebración improvisada. Se intercambiaron alcohol, cigarros, comida… en símbolo de paz y de obsequios por encontrarse en unas fechas tan señaladas.

Pero no solo cantaron y se hicieron regalos, también pudieron escribir cartas a sus familiares y se permitió recoger a los soldados fallecidos que se encontraban en el territorio del enemigo. Se celebraron funerales conjuntos para despedir a los soldados caídos, mostrando así el lado más humano de unas personas que habían sido despojadas de todo y obligadas a combatir en una guerra injusta.

En un momento de la celebración, un soldado alemán se acercó con un balón y empezó un partido de fútbol que pasaría a la historia. Británicos y alemanes jugaron frente a las trincheras durante una hora, sin árbitro y sobre un suelo helado. Los goles no tenían importancia, lo único que querían era olvidarse de aquel sufrimiento y poder disfrutar de nuevo del fútbol.

Aquella tregua, que comenzó en Nochebuena, se extendió durante todo el día de Navidad, e incluso se habla de otras zonas en las que se vivieron experiencias similares y que se alargaron hasta Fin de Año.

Se trató de una tregua no oficial, por lo que, según varios historiadores, aquellos actos (en su mayoría) fueron penados con fusilamientos hacia los soldados que se habían desentendido de la guerra y habían mantenido relación con el enemigo.

Acabó la tregua y con ella la paz entre los bandos, que volvieron a esconderse en sus trincheras esperando órdenes de atacar a aquellos con los que habían intercambiado presentes y cantado villancicos unas horas antes.

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Redacción Tijuanense

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