La tragedia de Heysel: una final que nunca debió jugarse

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En 1985 se disputó una de las finales más polémicas y tristes de la historia de la Copa de Europa

Juventus y Liverpool llegaron al partido más importante del panorama futbolístico europeo con ganas de alzarse campeones. El conjunto inglés buscaba conquistar su quinto entorchado europeo, mientras que la Juventus soñaba con alzar por fin su primera Copa de Europa.

No era la primera vez que un equipo inglés y otro italiano se veían las caras en la final europea. En la campaña 1983-84, un año antes de la tragedia de Heysel, Liverpool y AS Roma disputaron la final en el Estadio Olímpico de Roma, con victoria para el conjunto inglés en la tanda de penaltis. En aquel partido hubo una serie de incidentes, la mayoría provocados por la afición italiana, que alimentaron la disputa entre la liga inglesa y el calcio italiano.

Llegó el 25 de mayo de 1985 y aquellos incidentes del año anterior provocaron conflictos entre ambas aficiones. Durante todo el día ingleses e italanos discutieron por las calles de Bruselas, provocando altercados en medio de la vía pública, pero lo peor estaba aún por llegar.

Aproximadamente una hora antes de comenzar el partido, sobre las siete de la tarde, sucedió la tragedia. En un córner del Estadio de Heysel, en el que aún no había asientos y los aficionados tenían que estar de pie, se encontraban un gran número de seguidores del Liverpool, y al lado los fieles a la Juventus. Los piques, gritos e insultos entre uno y otro bando no cesaron y poco a poco fueron haciéndose más fuertes, lo que terminó de caldear el ambiente.

Muchos aficionados ingleses empezaron a arrojar objetos (botellas, piedras…) al sector de seguidores de la Juventus, hasta destrozar la valla que separaba a ambos sectores. Sin una barrera de por medio, los aficionados comenzaron a cargar unos contra otros y se desató el caos. Los italianos buscaban a toda costa alejarse de los hooligans ingleses, que endurecían los ataques, y terminaron replegándose contra las paredes del estadio.

Las cámaras que retransmitían en directo el partido captaron la escena al completo: los italianos se amontonaron en las vallas que separaban la zona de gradas del terreno de juego, mientras los ingleses seguían acercándose. El resultado fue un aplastamiento multitudinario de aficionados entre el muro del estadio y las vallas del terreno de juego. 39 personas perdieron la vida (32 aficionados de la Juventus, 4 belgas, 2 franceses y un aficionado irlandés) y los espectadores que iban a disfrutar de aquella final por televisión fueron testigos de todo lo sucedido.

Tras lo sucedido, los dos equipos se negaron a saltar al terreno de juego para disputar un partido que estaría para siempre manchado por la sangre de aquellos aficionados, pero esa negativa no sirvió para nada. La UEFA y el resto de los organismos decidieron que la final se disputaría, aunque fuera una hora y media más tarde.

La Juventus terminó alzándose campeona del torneo gracias a un solitario gol de penalti anotado por Michel Platini, pero el resultado ya no importaba. Aquel partido que nunca debió jugarse terminó con una sanción de 3 años de prisión para 14 de los 26 aficionados del Liverpool inculpados. Además, se prohibió a todos los clubes ingleses disputar competiciones europeas durante 5 años, mientras que la sanción que recibió el Liverpool ascendió a las 10 temporadas sin poder jugar en Europa, aunque al final se redujo el castigo a 6 años.

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Redacción Tijuanense

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