La desaparición de la copa del mundo

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El trofeo Jules Rimet original fue robado en 1983 para no aparecer nunca más

En 1966, el mundo del fútbol quedó conmocionado al enterarse de una trágica noticia: a pocos meses de comenzar la Copa del Mundo en Inglaterra, el trofeo había sido robado a plena luz del día en Londres. El dispositivo desplegado para recuperar la pieza más codiciada del fútbol mundial fue inmenso, a la altura de las circunstancias. El 28 de marzo de 1966, ocho días después de su desaparición, un perro llamado Pickles encontró la copa en un jardín, envuelta en papeles de periódico. David Corbett, dueño del perro, fue recompensado con 6.000 libras, invitación para el banquete final del torneo y a su mascota se le permitió lamer los restos de todos los platos de la ceremonia. Pero lo importante es que, cuando Inglaterra venció a Alemania en la final, la reina Isabel II pudo entregar el trofeo al capitán, Bobby Moore.

Desde 1930 se había entregado el trofeo Jules Rimet, pero la edición de 1970 fue la última en la que se otorgó al campeón. Solo había espacio en la base para añadir a un campeón más, por lo que se decidió que a partir del mundial de 1974 el modelo del trofeo cambiaría. Brasil fue la última selección en levantar la Copa Jules Rimet original, y como lo había hecho en tres ocasiones, se le entregó el trofeo en propiedad.

Aquella copa, que tenía un significado especial para los brasileños, fue depositada en una vitrina en el museo de la Confederación Brasileña de Fútbol, donde se exhibió sin ningún problema hasta 1983. El 3 de diciembre de aquel año 1983 saltaron las alarmas, la Copa del Mundo había desaparecido. La movilización en Brasil tuvo un impacto mundial. No solo hubo despliegues policiales y ciudadanos, que salieron a la calle manifestándose para que devolvieran el trofeo, sino que el propio Pelé habló ante las cámaras de televisión pidiendo por favor que se devolviera el trofeo a la Confederación, porque para los brasileños era algo más que un título de la selección.

Las investigaciones siguieron su curso y varios días después encontraron al primer sospechoso, Juan Hernández, un joyero argentino. La situación a partir de ese momento se hizo más delicada, pues Hernández era conocido por su taller de fundición de oro, lo que hizo saltar todas las alarmas.

Después de horas de interrogatorio, Hernández dio una pista clave de lo que había hecho. Uno de los encargados de la investigación le dijo: “Para los brasileños es una bofetada que un argentino haya convertido la Copa en lingotes de oro”. En ese momento, Hernández dibujó una sonrisa en su cara. Aquel gesto delató al argentino que, aunque siempre negó su relación con los hechos, fue sentenciado a prisión.

Sin embargo, años después se pusieron en duda aquellas acusaciones hacia Hernández bajo el pretexto de que era imposible que un trofeo así se hubiera fundido por completo en tan poco tiempo. Simon Kuper, uno de los periodistas más conocidos de todos los tiempos, señaló: «Es imposible que ese trofeo se haya convertido en lingotes de oro porque sencillamente no era de oro puro, sino de una aleación con otros metales».

El trofeo nunca se recuperó y la Confederación Brasileña de Fútbol tuvo que encargar una réplica que se exhibe actualmente en su museo. Aunque la historia parece que terminó en ese momento, lo cierto es que en 2015 se hizo un descubrimiento sorprendente: uno de los pedestales del trofeo original apareció en la sede de la FIFA.

La primera base del trofeo se completó en 1950 y en ella estaban grabados los nombres de Uruguay e Italia, las dos primeras selecciones campeonas que levantaron el título en dos ocasiones cada una, ya que en 1954 se decidió reemplazar la base por una nueva para empezar de nuevo el ciclo. El trozo encontrado en la FIFA correspondía al primer pedestal, el usado en las 4 primeras ediciones del torneo.

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Redacción Tijuanense

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