Por: Iván Nieves Velasco

Hace una semana me di cuenta de que estaba circulando un video en las redes sociales sobre una niña de 16 años originaria de Mexicali (“cachanilla” como les dicen por acá) que compartía su decisión sobre dejar la preparatoria, seguido de una sarta de sandeces, disfrazadas de argumentos, dirigidas hacia su profesor y el sistema de educación “retrógrada” que tenemos en nuestro país.

Primero lo tomé como un berrinche de una niña que quizá se quejaba porque su profesor le dejó mucha tarea en el fin de semana de “puente”, nada grave. Mi preocupación empezó al ver que dicha muchacha se estaba convirtiendo en líder de opinión entre los jóvenes, algo sumamente raro, ¿quién piensa que dejar sus estudios básicos incompletos es buena idea? Al parecer, muchos niños de su generación la apoyan e incluso piensan que tomó la decisión correcta.

Ella dice que hay que tomarse el tiempo para hacer lo que a uno le gusta y empezar hoy, que no es necesario terminar la preparatoria o la universidad para ello, entonces ¿qué la orilló a eso? No lo sé y ciertamente, no me interesa . Lo que sí me interesa es el mensaje que le da a los miles de jóvenes que la han escuchado, si bien, en principio, el mensaje en el fondo es positivo, no fue la mejor manera de expresarlo. No voy a discutir su decisión ni sus motivos, lo que me hace detenerme a pensar es ¿qué clase de futuro nos espera si la generación que nos sigue tiene este tipo de ideología?

La generación tan criticada nacida entre los 80 y 90, bautizada como “Millennials”, no parece tan mala si pensamos que los que nos siguen, nacidos del 2000 en adelante, tienen la creencia de merecerlo todo y a corto plazo, entonces, ¿en qué momento nos perdimos? El mensaje es claro y siempre ha estado ahí: hay que luchar por lo que uno quiere, claro, eso no es instantáneo, llegar a obtener ciertas comodidades y facilidades en la vida, cuesta y cuesta mucho, ser pacientes y dedicados para triunfar, ESTUDIAR, así, con mayúsculas y en negritas, porque la ignorancia es el peor enemigo que ha enfrentado la humanidad, y ahora me hablan de dejar la escuela en su etapa más básica y me lo plantean como la mejor idea del mundo, ¡Santo cielo!

La nueva generación no tiene tiempo para nada o, más bien, no sabe invertir el tiempo. Los jóvenes, tienen todo a la mano, lo quieren rápido y sin el más mínimo esfuerzo, y es el pecado generacional con el que van a cargar. En gran parte, si lo vemos desde una perspectiva antropológica, la misma sociedad y la mercadotecnia han hecho que éste tipo de pensamientos se difundan. Es muy común ver anuncios como “Tu pizza en menos de 10 minutos”, “Aprende a hablar inglés (o cualquier idioma en cuestión) en menos de 6 meses”, “Descarga ésta App y conviértete en músico al instante”.

Siendo lingüista observo que el mismo lenguaje ha cambiado, pues para escribir se violan tantas leyes de la gramática y se mutila el vocabulario para ahorrar tiempo; tanto así que los jóvenes egresados de las universidades no tienen la más mínima idea de cómo redactar un documento formal. Visto esto, creo que todos tenemos muchas razones para estar preocupados. ¿Qué nos espera para el futuro del país? Una generación de personas sin la más mínima intención de trabajar duro ni de luchar por lo que quieren; en palabras simples, conformistas.

“Nunca hay tiempo para nada”, éste es el mejor pretexto para todo. Quieres un mejor cuerpo y mejor salud pero no hay tiempo para hacer ejercicio ni para comer sanamente. Quiere sobresalir en la escuela y/o en el trabajo, pero no hay tiempo para estudiar o para hacer un esfuerzo extra. Mi padre me dijo un día, “La clave para salir adelante es hacer lo que a nadie le gusta: esforzarse por ello”.

Si se quiere acabar con el sistema retrograda hay que conocerlo y analizar los puntos de falla. También tener claro que el propósito de la educación va más allá de obtener un título para poder ejercer una profesión determinada. El hecho de asistir a la escuela desde edades tempranas hasta la adultez nos enseña a convivir en sociedad, a ver distintos puntos de vista y hacer conciencia de las deficiencias y problemas ajenos a nosotros, por más mínimos que pudieran parecer.

La universidad ofrece una perspectiva humanista, pues uno va afrontando problemas más allá del salón de clases y es aquí cuando aprendemos a sacar adelante los retos que se nos van a presentar al terminar la vida de estudiante. Todas estas herramientas sólo se obtienen estudiando, dedicando tiempo y reflexionando, pues, bien, se necesitan profesionistas capacitados para poder cambiar nuestro sistema y la calidad de vida que tenemos a nivel país.

Sé que las generaciones anteriores pensarán lo mismo de las actuales, pues la experiencia hablará antes que nuestras acciones.

Sí, es verdad, hay que luchar por lo que uno quiere y hay que aprovechar el tiempo al máximo, pero para llegar a esto hay un largo trecho que recorrer, sobre todo para las personas sinceras, humildes y trabajadoras que no tuvimos la suerte de nacer en pañales de seda. Que este mensaje no se confunda, no se intenta agredir a los jóvenes, tampoco cuestionar sus decisiones, se intenta hacer conciencia sobre el futuro de nuestro país y lo que se viene. Las cosas no serán fáciles pero debemos aprender a encontrar el tiempo para hacer lo correcto. Podemos desperdiciar la tarde viendo 5 capítulos de nuestras series favoritas en Netflix, pero no hay tiempo para estudiar, para practicar deporte o para ensayar. ¿Por qué no cambiar hábitos?, ¿Por qué no dejar de quejarnos y empezar a actuar?

El gobierno y el sistema puede que no sean los mejores ante el mundo, pero para combatir eso, hay que vencer la ignorancia, cultivar los valores. Hacer el bien sin mirar a quien y a su vez aprender de los que lo practican. Decir las cosas necesarias en su momento, hacer las cosas para lograr lo que queremos y entender que, como dice el dicho, “Roma no se levantó de un día para otro”, sólo entonces aprenderemos a apreciar el fruto del esfuerzo y no conformarse con lo que encontramos rápido y sin problemas.

El autor es Licenciado en Lingüística por la Universidad de Sonora. Amante del cine, la música, literatura, los comics y del arte en general.

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