Con profundo dolor pero también con firmeza, familiares y amigos de Ricardo Villa Páez, reconocido fotógrafo del tradicional burro-cebra en la Avenida Revolución, despidieron este viernes a quien fuera un ícono del turismo en el centro de la ciudad. Ricardo falleció tras ser atropellado por un taxista, y su muerte ha encendido un reclamo por justicia.
La despedida se llevó a cabo en la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en la colonia Altamira, donde decenas de personas se reunieron para acompañar a la familia Villa en este difícil momento. Muchos de los asistentes portaban camisetas con la imagen de Ricardo y una de sus frases más conocidas: «No pasa nada.»
UNA FAMILIA QUE CLAMA JUSTICIA
Durante la ceremonia, Karla Villa Valdez, hija del fotógrafo, compartió que fue citada por la Fiscalía para el próximo lunes, donde se le informará sobre los avances en el proceso legal en contra del conductor del taxi responsable del accidente.
“Creo que todas las personas que pierden a un familiar de esta forma sienten un dolor enorme, y es aún más difícil por la injusticia de saber que el responsable estará libre, mientras que tú nunca volverás a ver a tu ser querido”, expresó Karla con voz entrecortada.


La joven también hizo un llamado a reformar las leyes que, según dijo, terminan revictimizando a las familias afectadas por hechos evitables. “Si se tratara de su familia, harían todo lo posible para que esa persona estuviera encerrada, y no solo por dinero o unos cuantos años. Solo pido que sean empáticos y que hagan valer la ley como debe ser”, afirmó.
UNA DESPEDIDA ENTRE LÁGRIMAS Y MENSAJES
Al concluir la misa, los asistentes formaron una caravana vehicular con mensajes de justicia escritos en los cristales, y partieron rumbo al cementerio Colinas del Descanso, donde Ricardo fue sepultado.
El fallecimiento de Ricardo Villa Páez ha causado conmoción entre comerciantes, turistas y habitantes del primer cuadro de la ciudad, donde por años ofreció retratos junto al emblemático burro-cebra, símbolo de la identidad fronteriza.





Fotografías: Luis Bautista