Desde hoy, entra en vigor la reforma conocida como Ley Silla, que modifica varios artículos de la Ley Federal del Trabajo (LFT) con el objetivo de garantizar que quienes laboran de pie —como cajeras, meseros, vigilantes o personal de atención— cuenten con sillas con respaldo y espacios designados para descansar durante la jornada laboral.
La medida, aprobada por unanimidad en el Senado en 2024 y publicada en el Diario Oficial el pasado 19 de diciembre, establece que los empleadores deben proporcionar asientos suficientes y en buen estado, y permitir su uso cuando la naturaleza de la función lo permita. Asimismo, se prohíbe explícitamente obligar a los trabajadores a permanecer de pie durante todo su turno.
Aunque la ley no fija una duración exacta de las pausas, expertos recomiendan descansar al menos cinco minutos por cada hora de pie para prevenir problemas circulatorios, fatiga muscular y lesiones articulares.
Quienes incumplan con la obligación podrían enfrentar multas de 250 a 2 500 Unidades de Medida y Actualización (UMA) —equivalentes a entre 28 000 y 282 000 pesos— y, si hay reincidencia, incluso la suspensión temporal de actividades. Las denuncias pueden presentarse de forma anónima ante la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) o la Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo (PROFEDET).
Las empresas tienen un plazo de 180 días naturales, a partir de hoy, para ajustar sus reglamentos internos y acondicionar los espacios de descanso; mientras que la STPS deberá emitir en los próximos 30 días lineamientos técnicos sobre el trabajo prolongado de pie.
¿POR QUÉ ES RELEVANTE?
Esta reforma representa un avance significativo en derechos laborales, alineándose con recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y con prácticas establecidas en países como España, Chile y Argentina desde principios del siglo XX. Transforma condiciones cotidianas para miles de trabajadores en sectores que históricamente han operado bajo jornadas prolongadas de pie y sin descansos formales.
La Ley Silla no solo exige cumplimiento en papel, sino que redefine la jornada laboral con un enfoque de salud y dignidad. Desde hoy, quienes sostienen de pie a gran parte de la economía mexicana tienen un respaldo —literal y simbólico— para su bienestar.