Tuve la oportunidad de asistir a la premiere en Tijuana, y salí con sensaciones encontradas. Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos prometían rescatar a la Primera Familia de Marvel, pero se deslizan en su propio exceso de solemnidad.
La cinta, dirigida por Matt Shakman, abraza una estética retro de los años sesenta con un estilo visual cuidado y un diseño de producción impecable. El elenco, liderado por Pedro Pascal como Reed Richards, ofrece momentos de química y brillo. Sin embargo, todo eso se ve arrastrado por una narrativa demasiado pausada, donde los diálogos extensos toman el control y la acción se vuelve escasa.
Según críticos como Danny Minton, aunque la película inicia con energía, rápidamente se pierde en “largos tramos de exposición y actuaciones carentes de vida”, y “su tono serio y su dramaturgia cargada pesan más de lo que sostienen”. Otro análisis más contundente la describe como un “reinicio poco inspirado”, criticando “diálogos flojos, humor débil y escenas de acción apagadas”.



Entertainment Weekly reconoce que Pascal aporta carisma, tanto como Reed el científico como en sus momentos más reflexivos, pero señala que esa presencia recae casi toda la presión de la trama sobre él. Reseñas de Espinof coinciden en que el filme se convierte en una space opera moral lenta, con diálogos densos que frenan la narrativa antes de retomar algo de velocidad.
Aunque hay destellos visuales destacados —como el diseño del entono 60s y la presencia de Galactus y Shalla-Ball—, muchos críticos comentan que esos elementos no logran equilibrar la sensación de letargo emocional y la falta de momentos memorables, especialmente en las secuencias de acción.
En resumen, Los 4 Fantásticos: Primeros Pasos tienen ambiciones claras: revivir a la Primera Familia con estilo, corazón y los ojos puestos en el futuro del UCM. Pero el resultado deja una impresión tibia. No es una decepción total, pero sí una entrega que se siente más lenta de lo necesario y cuyas mejores armas visuales y de reparto no alcanzan a liberar todo su potencial, especialmente bajo el peso de un Reed Richards demasiado cargado de solemnidad.




Fotografías: Cortesía Disney