A diferencia de otras cintas, “Primate” te engancha desde la primera escena. Su narrativa no pierde tiempo y te mantiene atrapado de principio a fin con una historia que se siente peligrosamente real al tratar temas como la rabia dentro de una familia que adopta a un chimpancé.
Lo más impactante es el retrato del instinto salvaje. La película muestra muertes crudas y brutales que permiten apreciar la verdadera magnitud de la fuerza de estos animales. Aquí el peligro no es un monstruo de ficción, sino la naturaleza misma, interpretada con frescura por un elenco de actores jóvenes.
En cuanto al guion, si bien el esperado «giro de tuerca» no resulta ser un cambio radical o sorprendente en la trama, el ritmo vertiginoso de la película compensa esa falta de impacto final. Te absorbe de tal manera que no hay espacio para el aburrimiento.
Logra el mismo efecto que las películas clásicas de payasos: después de verla, no volverás a mirar a un chimpancé con los mismos ojos. Es una propuesta necesaria para entender el respeto y el temor que le debemos a lo salvaje.
