La nueva película F1, dirigida por Joseph Kosinski y protagonizada por Brad Pitt, nos atrapa desde su extensa duración —156 minutos en los que nunca se pierde el pulso— con escenas que te mantienen al filo de la butaca y un ritmo que elimina cualquier señal de pesadez. La historia gira en torno a Sonny Hayes (Pitt), un expiloto de élite que regresa tras años de retiro, asumiendo el papel de mentor de un joven talento. Lo que podría sonar a fórmula gastada, se convierte en un festín visual gracias a la impecable cinematografía de Claudio Miranda y la impresionante banda sonora de Hans Zimmer, enriquecida con canciones como “Baja California” de Myke Towers, que le da un sabor muy nuestro y conecta al filme con la región.
Aunque muchos desconocíamos los pormenores de este deporte, F1 logra convertirse en una clase magistral sin hacerse tediosa. Hay momentos ingeniosos donde se explican tácticas de estrategia y aerodinámica con naturalidad, a través del diálogo y la dinámica de equipo, sin caer en el aburrimiento o el exceso de jerga técnica. Y si bien el argumento recurre a clichés de mentor y discípulo, la química entre Pitt y Damson Idris (en el rol del novato Joshua Pearce) le da vida a esos momentos que podrían resultar predecibles.
La autenticidad es otro de sus grandes aciertos. Brad Pitt y otros actores pilotearon verdaderos coches en Grandes Premios reales, alcanzando más de 180 mph; además de tener el apoyo del campeón Lewis Hamilton, quien ejerció como asesor técnico. Esto añade una dosis de realismo incomparable, no solo en las carreras, sino en el ambiente de paddock, garajes y estrategia, permitiendo a espectadores novatos comprender, emocionar y apasionarse con cada giro del volante.
Para quienes amamos Baja California, resultará un guiño encantador descubrir este nombre en la banda sonora y sentir cómo la película integra esa atmósfera mexicana en su ADN. Y aunque la trama no transcurre directamente en Tijuana, la mera mención que hay en alguna parte de este largometraje, refuerza ese orgullo regional que se disfruta cuando una producción global reconoce nuestras raíces.
En resumen, F1 es una de las mejores películas del año: intensa, esclarecedora, emocionante. Te hace vibrar con el rugido del motor, te integra en la comprensión del deporte y te deja con ganas de aplaudir al terminar los créditos. Un viaje cinematográfico que exige ver en pantalla grande -preferiblemente en IMAX- y que une al público con la pasión por la velocidad, la estrategia y la superación personal.




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