Asistimos al Rose Bowl este 21 de junio y vivimos un ambientazo en Pasadena. La primera mitad pasó casi desapercibida: pocas jugadas de peligro, sin emociones intensas. Sin embargo, tras el descanso -con el calor al límite y dos pausas para hidratar a los jugadores- el partido cobró vida y se transformó en un choque de alta tensión.
La segunda parte fue un duelo de encaramientos. River Plate presionó con todo: Franco Mastantuono tuvo opciones claras, pero solo encontró a un Esteban Andrada implacable bajo los tres palos, lanzándose una y otra vez para mantener el marcador en cero. Por su parte, Monterrey apenas inquietó, aunque Sergio Canales y Gerardo Arteaga también insinuaron peligro.




La tensión escaló, hasta que -en tiempo de compensación- Kevin Castaño fue expulsado tras recibir su segunda amarilla, dejando a River con diez. En total, el árbitro mostró al menos seis amarillas y una roja, reflejo de la intensidad del encuentro.
Pero más allá del juego, lo que realmente sobresalió fue la atmósfera en un recinto con 57,393 personas. Aficionados de ambos países colapsaron Pasadena desde horas antes: los cánticos empezaron desde Colorado Blvd y Old Pasadena, y no cesaron ni un segundo dentro del estadio. Fue un duelo apasionado entre hinchadas, sin duda más apasionado que lo que se vivía en la cancha.




Gracias al empate, River y Monterrey mantienen vivas sus esperanzas en el Grupo E. Ambos llegaron al duelo con cuatro puntos después de los resultados del primer partido en Seattle: River venció 3‑1 a Urawa, mientras Monterrey empató 1‑1 con Inter.
Los próximos enfrentamientos marcarán el rumbo:
– River Plate medirá fuerzas con Inter en Seattle, en un partido clave por la clasificación.
– Monterrey se enfrentará a Urawa en Pasadena con la misión de asegurar su pase.
Si River consigue al menos un empate, estará clasificado, y una victoria lo pondrá como líder de grupo. Monterrey debe ganar y esperar que River tropiece; incluso, necesitaría una victoria abultada para superar la diferencia de goles.



Hoy, fue una noche de fútbol vibrante, hinchadas encendidas y un desenlace que ha dejado el grupo al rojo vivo. Ahora, entre cánticos y sudor, ambos clubes deberán demostrar en los próximos partidos si pueden afianzar su pase a la siguiente fase del Mundial de Clubes.
Fotografías: Miguel Palacios