Rubén Ramírez Gómez, originario de Morelos y quien perdió ambas piernas hace 35 años, llegó a Tijuana con la esperanza de atender un problema de visión que le dificulta diferenciar los rostros de las personas con las que convive.
Ramírez Gómez relató que sufrió un accidente en un tren carguero en Tepic, Nayarit, que le provocó la amputación de sus piernas y lo obligó a reconstruir su vida. Desde joven, se consideró la “oveja negra” de su familia y viajó por distintos lugares de México en busca de nuevas oportunidades, manteniendo siempre su independencia.
“Siempre fui la oveja negra, siempre anduve afuera de mi casa, desde chamaco, así anduve toda la República en trailers, carros, de machetero, de todo”, compartió.


Actualmente reside en Los Cabos con su hijo y su nieta, pero llegó a Tijuana el pasado viernes con el objetivo de someterse a un examen ocular debido a una capa en sus ojos que ha ido afectando progresivamente su visión. “En la noche veo más que en el día, voy caminando luego el semáforo ya no lo puedo ver y tengo miedo que vaya estamparme por ahí o me vaya a llevarme a alguien”, señaló.
Al llegar a la ciudad, Rubén buscó un lugar donde hospedarse, pero al no encontrarlo, decidió pasar la noche en la catedral, donde fue víctima del robo de su carrito de transporte. Gracias a la intervención de un comerciante, logró recuperarlo.
Actualmente, Ramírez duerme en un hospital y durante el día vende dulces, pulseras y banderas en la zona del Palacio Municipal para mantenerse mientras se encuentra en Tijuana. Su cita médica para evaluar el problema en los ojos está programada para el próximo 18 de septiembre.


Fotografías: José Vargas