VALPARAÍSO, CHILE — Chile ha oficializado un histórico giro político hacia la derecha conservadora. Este miércoles, el ultraderechista José Antonio Kast jura como presidente de la República en la sede del Congreso, marcando el inicio del periodo más conservador desde la dictadura de Augusto Pinochet.
Kast, abogado de 60 años y fundador del Partido Republicano, recibe la banda presidencial tras derrotar a la izquierda y suceder a Gabriel Boric. En un acto sobrio y republicano, el nuevo mandatario se comprometió a instaurar un «Gobierno de emergencia».
Sus principales ejes de gobierno serán:
- Control de la delincuencia y la migración irregular.
- Orden público y seguridad ciudadana.
- Crecimiento económico sostenido.
El regreso de la derecha tradicional y el pragmatismo
El triunfo de Kast refleja el agotamiento de la sociedad chilena frente a la inseguridad y la impaciencia tras el estallido social de 2019. Para ganar en su tercer intento presidencial, Kast optó por el pragmatismo, dejando de lado ciertas posturas autoritarias de sus campañas anteriores.
Llega a La Moneda con un mandato fuerte: obtuvo el 58% de los votos en la segunda vuelta de diciembre, convirtiéndose en el presidente más votado en la historia de Chile gracias al voto obligatorio.
Alianzas internacionales y recortes económicos

En el ámbito internacional, Kast no oculta sus alianzas. Durante su gira como presidente electo, se reunió con líderes de la derecha global como Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador), Giorgia Meloni (Italia) y Viktor Orbán (Hungría). Además, participó recientemente en la cumbre ‘Escudo de las Américas’ organizada por Donald Trump en Florida.
En el plano económico, el nuevo gobierno anunció medidas de austeridad drásticas. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ya ordenó un recorte del 3% del gasto público para todas las carteras, con la meta de lograr un ajuste fiscal de 6,000 millones de dólares en 18 meses.
Simbólicamente, la era Kast también trae cambios. El mandatario juró, en lugar de prometer, y utilizó una banda presidencial con el escudo nacional bordado a mano, una tradición que no se veía desde la época de Pinochet. Asimismo, se impuso un estricto código de vestimenta formal (corbata obligatoria) para los funcionarios de los ministerios.